Diego Guelar: "Yo fui guerrillero, por lo tanto fui delincuente", entrevistado en Esta Lengua es mía por FM Identidad 92.1mhz por José Benegas y Ceferino Reato
¿Perdón o "no hagan olas"?
Por José Benegas
Al principio del episodio Guelar dentro del PRO, sin compartir su solución de amnistía “amplia y generosa” para delitos de lesa humanidad al terminar el kirchnerismo, pensé que se trataba de un gesto valiente al tratar de debatir una idea políticamente incorrecta dentro de un partido que se caracteriza por evadir debates incómodos. Me pareció loable de parte de alguien que se identifica como montonero hacia quienes en algún momento de aquel pasado lamentable consideraba sus enemigos. Pero a partir de la pregunta de Ceferino Reato acerca de si la amnistía que el había propuesto también incluía a los crímenes cometidos por las organizaciones terroristas, Guelar fue muy tajante en diferenciar delitos de unos y de otros como prescriptos e imposibles de revisar. ¿No haría falta al menos no estar involucrado para declarar qué es más grave y qué menos grave o qué cosa es delito de lesa humanidad y qué cosa no? ¿Sería la amnistía una forma de olvidarse a cambio de absolverse?
Me pareció primero que muy suelto de cuerpo y como si se tratara de algo "cool" se había declarado “delincuente y guerrillero” al comenzar el reportaje, soslayando el peso y la gravedad de su confesión con un tono escandaloso por lo banal, y ya no pude imaginar cómo desde ese lugar podía él o cualquier otro participante de la violencia guerrillera de aquellos años ponerse en perdonador, no digo ya juzgador, de quienes ejercieron otra violencia ¿Quiénes son los Montoneros para perdonar a los represores? ¿En qué momento se pusieron por encima? Podrán creer que por un problema jurídico son impunes pero estar en un pedestal es otro cantar.
Siguiendo ese hilo, le siguió la pregunta que caía de madura. Al final de cuentas lo que se ven son organismos estatales dedicados al juzgamiento e indemnización de la represión conducidos por ex guerrilleros, juicios en los que los jueces no pueden atreverse a aplicar en favor de imputados siquiera el Tratado de San José de Costa Rica, como sucedió con la depuesta Cámara de Casación cuando concedió excarcelaciones en base a ese convenio básico de derechos humanos y el poder político se deshizo de ella, un gobierno que se sube a una supuesta gloria de aquel terrorismo y se dice autor de las condenas a militares. Un gobierno dice “nuestra política de derechos humanos” cuando habla del avance de las causas judiciales (su intervención en casación fue explícicta) y me empieza aparecer que más que generosidad de parte de los ex guerrilleros hace falta explicaciones. La pregunta fue quiénes eran ellos después de todo, no solo para perdonar, sino a su vez para condenar a los militares. Y no hablaba siquiera del juzgamiento formal, sino del dedo acusador con el que observan toda la realidad que los circunda del pasado y del presente. También en el caso de Guelar, el dedo de la clemencia me parecía dudoso. Ahí Guelar salió de su sitio y no quiso llegar hasta el fondo, me da la sensación, porque ya no hay nada tan "cool" si después de todo el admitir haber sido delincuente y guerrillero lo debiera llevar a callarse la boca y obrar al menos con mayor humildad, en la que no está en capacidad de ser quién perdona a nadie. Entonces se acercó rápido al libreto oficial, "no hay teoría de los dos demonios" (como si los crímenes pudieran ser juzgados por teorías generales condenatorias o exculpatorias, en lugar de investigaciones en concreto sobre actos en particular), pero eso contradecía su reconocimiento de la violencia, las aberraciones y los propósitos totalitarios de su organización ¿Fue guerrillero y delincuente pero ángel? No lo entendí. Nadó en la confusión y sólo le quedó entender lo que quería de lo que se le preguntara, como si se le hubiera dicho que los militares estaban siendo juzgados por "tribunales populares" o que había que soltar a Etchecolatz, es decir, asesinando los matices para ver si todo llegaba a ser igual, la Biblia y el calefón. Buscaba demonios que le hicieran brotar alas otra vez.
Que haya que recurrir a una teoría mística como una supuesta idea de “dos demonios” es una enorme falsedad que ha encantado a los argentinos por más de una década, a pesar de su falta de sustancia. Lo que se deben determinar son crímenes sea por represión ilegal, o por terrorismo, sin que quepa, ni interese, analizar la naturaleza demoníaca o angelical de los criminales. Todos se creen ángeles acá, lástima que tengan sus alas manchadas de sangre.
Me convencí entonces que la idea no era, como decía Guelar, el reconocimiento de todo el pasado para no repetir nada en el futuro, sino más bien intentar un corte quirúrgico en una historia que después de las condenas a la represión, solo puede conducir a la investigación de la violencia terrorista que a todas luces es un delito de lesa humanidad que el Estado argentino hoy ampara en impunidad y silencio. Algunos gestos pueden no ser lo generosos que pretenden ser. Veo más interés en evitar que se hagan olas que en terminar con enfrentamientos perimidos. Prefiero la justicia a fondo a cualquier otro remedio que le permita a la sociedad argentina y a los involucrados continuar en el ejercicio habitual de su hipocresía.
